Esa tarde decidió borrar, para siempre, la letra del alfabeto.
Esa letra.
Esa.
La letra necesaria para nombrar al otro si esta presente.
La letra imprescindible para hablarle a los demás, al dirigirles la palabra.
Sin manera de nombrarlos dejarían de ser deseados.
Y entonces no habría motivo para sentirlos necesarios.
Y sin motivo, ni forma de invocarlos,Se sentiría por fin, libre…
No hay comentarios:
Publicar un comentario